martes, 24 de junio de 2014

El Valor de los Símbolos

Afirmamos que los símbolos constituyen la manera de comunicarnos por encima de las épocas. Las personas que han sido antes que nosotros, décadas, incluso siglos en ese desfile que hacemos camino de la Eternidad, nos transmiten sus hechos, sus temores, su espíritu de superación, también sus sentimientos, a través de los símbolos que hacemos ondear, muy a menudo con pasmosa e ignorante ligereza. Si los usamos estamos reivindicando una herencia de la que somos depositarios provisionales para que nuestros hijos la hagan suya cuando les llegue el momento; y si prescindimos de ellos también estamos adoptando una actitud ante ellos que nos define para mal. Ya se sabe que quien a los suyos parece, honra merece; y quien lo contrario, sea nefario.

No nos vale que el espíritu de estos tiempos sea frívolo e irreverente y no conceda el valor que merecen. Eso, en sí mismo, ya es una postura muy reconocible de desidia, de indolencia ante la Tradición y la Historia de una nación. No, es algo más profundo de las que las deplorables políticas educativas han sido una indeseable consecuencia. Por esa consecuencia, se prefieren ficticios platos de lentejas que no existen (como se puede comprobar en un baño de realidad por las calles de cualquier ciudad española) antes que expresar la propia identidad nacional. Y es que el amor empieza por uno mismo. 

Seguimos con la maldita cantinela de que los símbolos no importan y que hay que emplear nuevos lenguajes para una nueva era. Una falsedad, no hay nuevos lenguajes, no hay nueva era, seguimos, como se decía en la película "El Gatopardo", en que todo parezca que cambia para que todo siga igual con la diferencia de que unos cuantos iluminados se han instalado en el perverso y malvado discurso de que les sobramos todos. Los símbolos y su significado permanecen sin que el paso del tiempo les afecte. Ni siquiera les perjudica la desafección de unas cuantas generaciones de iletrados porque, pacientes, saben que terminará llegando la Hora en que serán rescatados de la ignominia para recuperar toda su gloria y esplendor.

Porque eso es lo que les distingue de nosotros: Mientras los que vivimos ahora terminaremos desapareciendo por mucho que algunos tengan la soberbia de quitar lo que les molesta para presumir de constitucionalidades y democracias discutibles (como aspiran a reducir la población mundial); los símbolos estarán ahí, solícitos para cualquiera que los aprecie de verdad y los utilice con orgullo, que para eso son, para manifestar a quien quiera verlo, que somos lo que somos y no otra cosa.

Porque, en realidad, son patrimonio de aquellos que no reniegan de su Historia. 

martes, 17 de junio de 2014

El masoquismo como ideología

Es verdaderamente lamentable hasta qué punto se ha mercantilizado todo. Se confunde sistemáticamente el precio con el valor de algunas cuestiones que no deberían tener precio alguno por ser innegociables, pero lo malo es que hoy todo está en almoneda porque todo es negociable. Algunos lo llamamos "prostituirse", pero claro, es que somos unos peligrosos reaccionarios.

Vemos con horror que lo que antes era puro y simple "patriotismo", desinteresado y honrado; hogaño es una "marca". Y se habla de "Marca España" con frivolidad, como si el país fuera una empresa con cuenta de resultados, que mientras arroje beneficios, ahí se las den todas a los españoles que sufren: No es asunto de los deplorables gobiernos que viene padeciendo la Nación más antigua de Europa y baluarte de la Cristiandad.

Al ser una "marca", puede dar en quiebra. De hecho, va camino de la quiebra económica, que si no se ha producido es porque el señor de la impresora del BCE, (apellidado Draghi pero que no buscar dragar ni limpiar nada porque seguimos enlodados hasta las cejas) la ha puesto a trabajar con encendido entusiasmo estajanovista, lo que no es extraño en esta intervencionista y soviética Unión europea. Al ser una "marca", como dicen estúpidamente voceros e inspiradores, lo más seguro es que dé en quiebra por la sencilla razón de que las marcas se compran, o no, y están sujetas a movimientos de mercado que no siempre están claros, ni siempre son transparentes porque hay determinados grupos que ganan mucho dinero con el sufrimiento del prójimo. Más, si están asociadas a un material tan sensible como una nación, que debería ser gobernada con patriotismo y no con "espíritu fenicio".

Y ustedes se preguntarán, "pero, ¿cómo es posible que pueda quebrar la "marca" España? ¿No dicen que es indestructible?" Eso decía Bismarck, que no había nación más autolítica que España y que terminaba sobreviviendo una vez y otra, por lo que deducía que cuando controlásemos nuestros instintos suicidas, el país volvería a ser lo que nunca debió de dejar de ser, particularmente con algún Borbón ciñendo su Corona. Lo que tiene conocer la Historia (ojo, la HISTORIA, no historietas que cuentan algunos) es que sabes culpar al que tienes que culpar. Si España fue perdiendo paulatinamente su esencia, con la América Española primero, y después, como triste y negro colofón, con la derrota que nos arrancó Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, sin olvidar la cobardía que nos arrebató el Sáhara, es posible inferir que otras regiones sigan el mismo camino. Es más, es que ya estamos en ello, por mucho que los medios de manipulación se empeñen en cantar las bondades de quienes nos han metido en este laberíntico callejón sin salida y que nos pinten una situación tan maravillosa que no nos la merecemos. Lo que sí nos merecemos es otra Monarquía y otro modelo de Estado. Pero a los españoles les pone andar descalzos por el filo de la navaja. Será la expresión del masoquismo más duro convertido en ideología. 

Sí, somos pesimistas. Cuando se junta un sujeto con determinación frente a otro que no lo está y que además ni siquiera tiene Principios, es fácil anticipar lo que va a suceder. Pero no hay mal que por bien no venga: Ocurre a menudo que, ligero de equipaje se puede volar más alto, y que los malos despertares acaban de golpe con las peores pesadillas. 

Las lágrimas suelen arrastrar y llevarse por delante a los que las causan.

martes, 10 de junio de 2014

Por aburrimiento

Ya insinuábamos, en nuestro editorial de hace un par de semanas, que las sociedades occidentales han perdido la altura de miras que les llevó, en el pasado, a romper las barreras que limitaban sus horizontes. Lo que antaño eran descubrimientos, vigor y abnegación; hogaño se ha desplazado a contemplar desde el sofá a unos profesionales (demasiado bien remunerados en alguna selección), en pantalón corto, marcando hitos en sus respectivas especialidades deportivas, lo que no está mal por ellos, que siguen superándose, sino por los que hacen suyos sus éxitos sin mayor trabajo que apretar un botón del mando a distancia.


La seguridad que transpiran las sociedades occidentales, una ficción aceptada por todos porque el Destino puede sacudirnos con cualquier Némesis en el momento menos pensado, con su obsesión reglamentaria, normalizada y sistemática, parece suscitar tal aburrimiento existencial, que algunas personas hastiadas han de jugarse la vida, literalmente, para sentirse vivos. Lo que es paradójico. Si curiosean por ese pandemonio que es Youtube, se encontrarán con infinidad de modalidades, a cual más dolorosa, de sentirse vivo... 

En estas sociedades ñoñas y autocomplacientes, que se permiten ridiculizar a nuestros abuelos porque se jugaban la vida por Dios, por su honor, por su patria, o por llevar un chusco a la mesa de su familia, está de moda y resulta cool tirarse desde puentes pendientes de un hilo, cual suicida Teseo que emplease mal el obsequio de la enamorada Ariadna. O la fantasía de volar sin especiales aditamentos mecánicos que finalizan en accidente mortal en demasiados casos. Vamos, jugarse el tipo por el simple placer de jugárselo, porque se puede, sin mayores razones, que no se necesitan en esta época y ello es más seductor, socialmente, que hacerlo por el antiguo Deber, que era el norte de las personas desde que tenían conocimiento hasta que el Señor se los llevaba al Lugar que mereciesen. Quien dijo aburrimiento...  

Así que estamos en que, si alguien practica deportes de riesgo porque le da la gana, está en su pleno derecho al margen de la tragedia que pueda desencadenar entre los suyos. Si lo hace por un punto de vergüenza, por defender sus convicciones, porque es simplemente su Deber... Ya se pueden imaginar que se diría de él y de lo absurdo de su conducta.

Si vivir ya es un riesgo en sí mismo, es del todo inútil poner puertas al campo y publicitar una seguridad que pertenece al decorado en el que vivimos, y que como casi todo, es una falsedad y una impostura, porque nada está garantizado y nadie puede asegurarnos que estemos vivos en el segundo siguiente, por mucho que se denuncie y litigue. Angustioso, sí, pero antes se convivía con esa certeza de modo natural, y arriesgaban sus días si lo creían oportuno por algo que les mereciese la pena. No por nada. No por aburrimiento.

Y es que, en efecto, el aburrimiento es capaz de causar trastorno tal, que se elogia lo vano y se escarnece lo fundamental de la misma manera que se confunde valor y precio... 

martes, 3 de junio de 2014

Algo huele a podrido al sur de Dinamarca

Fue el eterno Hamlet, siempre instalado en la duda, que puede ser la mayor de las certezas, el personaje que dijo esa frase, que hoy corona este modesto y breve editorial. Seguramente el genial Shakespeare no fue consciente de que esa frase, como otras que fueron alumbradas por su pluma, tendría una repercusión, premonitoria, que saltaría sobre épocas y siglos. "Algo huele a podrido en el sur de Dinamarca", y lo peor es que suele ser cierto porque casi todo se halla al sur de ese país del norte de Europa.

Durante unos días, a finales de mayo, se reunieron en Copenhague (que también está en la parte meridional de Dinamarca) los altruistas próceres del Grupo Bilderberg. Como buena sociedad discreta, no sabemos lo que trataron, pero está claro, (y el que no quiera verlo es que tiene un problema), que no se desplazaron para hacer unas risas y charlar sobre golf. Estos individuos no dan puntada sin hilo.

Tampoco sabemos que relación tendrá esa reunión, finalizada hace pocos días, con la precipitada abdicación del actual monarca español. Nos llamarán "conspiranoicos" pero cuando se niega la opción, se vuelve a negar e incluso algún representante de instituciones del estado español afirma que no sabía nada de nada, es porque nada había hasta este fin de semana. Por no haber, ni siquiera estaba elaborada la Ley Orgánica que reglamente tal contingencia. Blanco y en botella...

Seguro que también es casual la reciente epidemia de abdicaciones que se han venido sucediendo en los reinos europeos (diríamos "de la Cristiandad", pero hace tiempo que el devenir de ellos viene marcado por otras creencias más tenebrosas), salvo a su británica majestad, que cada cual busque el motivo. Han llegado a salpicar incluso a la cabeza de la Iglesia, aunque intuimos que en, este caso, la renuncia vino obligada mientras que en los monarcas que se retiran se vislumbra cierto aroma a entusiasta obediencia. ¿A quién o a quienes?


La respuesta no la conocemos. Simplemente reunimos una serie de evidencias, de hechos, e intentamos relacionarlos. Como el incontrovertible de que una gran crisis global termina en una gran guerra global que "arranca" de su sistema ("su" porque lo consideran suyo) a unos cuantos centenares de millones (¿miles de millones en la próxima?) de desgraciados que pagan con su vida la iniquidad y la codicia de unos pocos. Muy maltusianos ellos, comentan sin tapujos los problemas de una presunta sobrepoblación mundial y lo mucho que sobramos algunos, como les sobran los nasciturus, los ancianos y los enfermos, a los que no consideran más que como gasto. Ellos están por encima de esas valoraciones porque su mayoritaria senectud no les hace constar entre los que sobran, cuando son más "excedentarios" que nadie: No por su ancianidad sino por su maldad, por todas las políticas eugenésicas que inspiran y/o imponen, por el infortunio que llevan a tantos hogares por medio de las distintas herramientas que tiene esa errada Globalización para dividirnos, lo que no deja de ser irónico. Dios les ajustará las cuentas.

Sin embargo, los conspiranoicos somos nosotros, todos los que arañamos la superficie de lo que pasa para saber quienes mueven los hilos de las marionetas que escenifican los cuentos que nos cuentan. Únicamente apuntamos estos indicios. Quien detenta el Poder es un mentiroso compulsivo, esa certidumbre forma parte de lo que se habla en la calle, y a pesar de ello, se nos sigue calificando como conspiranoicos y la población se sigue comportando como si nada estuviese pasando, hipnotizada e idiotizada por los medios de manipulación y por los circos a la carta que sirven.

Habrá que ver qué ocurre cuando la realidad les despierte a golpes.