martes, 13 de mayo de 2014

El Feísmo como síntoma

Una de las connotaciones que posee cualquier obra de arte, ya sea escrita, pintada, esculpida, filmada, interpretada o cantada es su permanencia en el tiempo. Pueden pasar décadas o siglos, que seguirá causando la misma admiración. Sí, es cierto que algunos autores no conocieron la fama que merecían en vida, que cayeron en el olvido tras su muerte y que solamente la llegada de una generación que aguardaba en el futuro les rescató de ese injusto limbo para llevarlos al Parnaso, que seguro que no está reservado únicamente para los poetas; pero la belleza y el alcance de sus creaciones confirma la calidad del Arte que concibieron porque fue capaz de superar ese abismo que nos termina engullendo y que denominamos "Tiempo".


No podemos calcular cuantas maravillas se habrán perdido irremediablemente, sea por la infinita ignorancia del Hombre o por su desdén, que tan inmisericordes resultan. Sin embargo, debemos agarrarnos, como a clavo ardiendo, a lo que nos dejaron como legado esas personas, de carne y hueso, que alzándose desde el humilde barro del que estamos todos hechos, lograron crear algo que trascendiese, tanto a los Tiempos, como al espacio quizás, como seguro a su propia dimensión espiritual para procurar acercarse a Dios. 

Por eso estamos convencidos de que las modas, por provocadoras y estúpidas que sean, no se encuadran ni en la Cultura ni en el Arte, si me permite el lector esta redundancia, que en estos días se abusa hasta la violencia de la una y de la otra. Nadie se acordará de la anécdota que define la enfermedad de una sociedad dentro de unos siglos, suponiendo que quede alguien para recordar lo que son ambas cosas y aún se preocupe de medir el paso de los Días. 

Porque ese "Feísmo" que padecemos, esa aberrante y vacua vulgaridad que sacude a la Humanidad entera no es sino un síntoma más del cáncer que corroe su alma, como lo es también que se prefiera una lengua extraña a la que nos dio el habla. No quedando Épica, tampoco sobrevivirá la Lírica; lo sublime es preterido por la arcada de lo zafio. El vil metal todo lo prostituye, y el común confunde valor y precio cuando, desgraciadamente, nada tienen que ver. "Artistas" hay que nadan en una abundancia inexplicable a tenor de sus méritos, y Artistas de verdad murieron en la miseria como seguirán marchándose en el silencio de la incomprensión. Es el "precio" que tiene el amor al Arte. Que es una manifestación de Cultura. Con "C", obviamente.

Así que no nos extraña que se aprecien estéticas antinaturales frente a expresiones culturales. Nada tienen que ver con esa búsqueda del Hombre para trascender su esencia, para llegar más allá de su sencilla y pasajera condición. Los que estamos en ese inabarcable camino no podemos detenernos en ocurrencias y chistes. 

Que por no tener, ni siquiera tienen gracia. De ninguna clase.