miércoles, 23 de abril de 2014

Arte, Parte y Presente: Comenzamos

Dice un viejo proverbio musulmán que “el Pasado ha huido, lo que se espera aún está ausente, pero el Presente es enteramente tuyo”. De esta manera nos hallamos en el punto en el que se encuentran los viejos soldados que han sido enemigos: Nos respetamos porque Pasado y Futuro han peleado demasiado entre ellos, cuando se complementan como las partes de una metamorfosis, tan dramática como la de Kafka. El Pasado, efectivamente, ha huido. No es reprochable: Hay acontecimientos, como las contiendas, que espantan hasta eso que ha visto desfilar todo ante sus ojos.

Lo que se espera no lo conoce nadie. Y como nadie lo conoce es una entelequia realizar pronósticos, formular conjeturas. Una antigua fábula nacida en la orilla del Mar Mediterráneo que tantos sueños y pesadillas ha bañado con la caricia de sus aguas, nos cuenta que “averiguar el porvenir es como mirar el horizonte sin caminar en su dirección”, un trabajo inútil porque siempre se mostrará tan cambiante como inalcanzable. El futuro, efectivamente, está ausente. Incluso hay quien afirma que ya no es lo que era.

Con lo que nos queda el Presente. Un Presente que a menudo nos inquieta por su eterno retorno, parafraseando a Mircea Eliade, por su permanente presencia. Una frase poco conocida de Groucho Marx, tan amigo de contemplarlo todo desde otros “enfoques”, asegura que “el presente siempre está aquí, somos nosotros los que pasamos por ello y al final nos vamos por aburrimiento”. Pero ni siquiera el Presente es inmutable porque nosotros no lo somos, por lo que guarda semejanza con el río al que se refería Heraclito de Éfeso: “Nunca nos bañamos dos veces en la misma corriente”.

 Y el Presente es que tenemos un lenguaje universal, el Arte, bella hermana de las Humanidades, que nos sirve de nexo, que posibilita un diálogo entre personas completamente distintas. El Arte nos ha traído y reunido aquí. Porque el Arte es una manifestación exclusivamente humana y que trasciende todo tipo de barreras. El Arte, como el Presente, siempre está ahí, y siempre es distinto. Como el propio Arte. Si la Eternidad es una infinita sucesión de “Presentes”, no cabe duda de que será el Arte el que lo haga menos aburrido, si se está de acuerdo con el guasón de don Groucho.

 Si el Presente es un diamante con muchas facetas, el Arte también ofrece esa cualidad, como la propia vida, puesto que pretende ser un reflejo mejorado de ella. La vida sería muy oscura sin la Música, sin la Danza… Y sin la Literatura, entre otras. Cierto que hay más disciplinas, pero permítanme ser un poco parcial. La Literatura ha acompañado al Hombre desde siempre, desde que el clan se reunía en torno al fuego para contar las historias de los bravos héroes que les precedieron en un mundo hostil y amenazador. De ese modo, con ese ejemplo, podían conjurar el atroz miedo en el que les sumía la noche.

Sin embargo, el peor recelo procede de la negra noche que es la ignorancia. No dejemos que esas tinieblas se adueñen de nuestro presente para desbaratarlo, que sólo nosotros, en común, lo podemos escribir. Gustave Flaubert aseveró que “el futuro nos mortifica y el pasado nos encadena: Esta es la razón por la que se nos escapa el presente”; no le demos motivos al Presente para que huya de nosotros.

Las Artes, en general, y la Literatura, en particular, bien merecen tan noble propósito...



El director de CESCIHUM