lunes, 22 de diciembre de 2014

Don Quijote tampoco se callaría

2014 se escurre por el sumidero del Tiempo con más pena que gloria. Suele ocurrir que grandes expectativas quedan en nada mientras que la frustración va generando ese poso, ese indefinible aroma del coraje concentrado y creado por tanto disparate y por tanto caradura.

Disfrutamos (nos tira la ironía, qué le vamos a hacer) de un gobierno que tiene la desvergüenza de llamarse "español" y que en vez de atajar las causas de tanto malestar y de tanta creciente miseria, se vale de "leyes mordaza" para que los que señalamos y denunciamos la verdad de unos hechos, no les estropeemos el armonioso mundo multicolor que nos quieren colar. Cada día está más claro que vivimos en su "película", una mezcla cutre de "Matrix" y "1984" en el que el líder (risas) suelta su cobardía y sus ocurrencias desde una pantalla de plasma. Decir la verdad de las cosas y de los sucesos es tarea peligrosa si cunde la injusticia y el esperpento por doquier, alentado desde las instancias desde las que se debería de poner coto. Pero ellos no sirven a su patria, sino a otros.

Sin embargo sucede que los hechos son contumaces y clamorosos por sí solos. Cacareaban sobre un acuerdo con los sindicatos de clase, que van a mantener lo suyo, para que desempleados de ciertas y significativas características tuviesen una mínima cobertura, y resulta que apenas protegerá y servirá de nada, digan lo que digan los medios de manipulación que ya preparan su servil artillería mediática aprovechándose de estos días de lágrima fácil y besuqueo indiscriminado. Nos venimos quejando desde hace décadas de las mediocridades de unos gobernantes con menos luces que un apagón, y hete aquí que no, que no se trataba de incompetencia, que tiene una mínima disculpa porque no se pueden pedir peras al olmo, no, se trataba de maldad y traición. Simple y llanamente se puede resumir así la política española de los últimos treinta y pico años.

Aquí todo vale y nadie dice nada salvo que baje de categoría un estúpido club de fútbol o se pretenda erradicar por vía judicial un nauseabundo ejemplo de la telebasura. Entonces sí, entonces, y sólo en estos casos, veremos a españolitos coordinándose disciplinadamente contra el atropello. Si se trata de España y de sus compatriotas, que ahí se las den todas. Por ejemplo, que se pone en la calle a asesinos, pues ello se hace con la mayor desinformación para que no trascienda, pero tampoco pasaría nada. Como tampoco pasa nada si alguien del partido que ha traicionado a todos y a cada uno de sus electores, a todas y cada una de sus promesas electorales, culpa de la corrupción a los españoles. Y lo peor es que no le falta algo de razón, porque es culpa de los españoles permitir, cuando no contribuir, un sistema político que es una gusanera, en el que se conculca el Derecho a la Vida y en el que decir la verdad tiene un coste muy alto. 

Pero somos así de quijotes y no nos acallarán, porque el cervantino personaje, recto y honrado por encima de su locura, tampoco callaría. Como tampoco impedirán que recordemos que por estas fechas nació Alguien que cambiaría para siempre nuestras vidas. No celebramos la Navidad para loar a los centros comerciales, ni al consumismo feroz que muestran los que aún pueden; ni seguimos el juego de los medios de manipulación que ningunean deliberada y taimadamente a Quien da sentido último a estos días. Ya pueden hacer cabriolas semánticas tan grotescas como "solsticios de invierno" o "saturnales" porque nosotros, inasequibles al desaliento, lo seguiremos llamando "Navidad" para homenajear y tener presente el mejor regalo: La Redención del Hombre.

Así pues, este modesto equipo que formamos CESCIHUM, nos complacemos en desearle feliz Navidad  y un año 2015 cargado de esperanza. Dicen que es lo último que se pierde.

La próxima edición de "Metaparte" se publicará, Dios mediante, el próximo día 7 de enero de 2015.

martes, 16 de diciembre de 2014

Las intenciones

Empecemos con una perogrullada. Cuando alguien hace (o perpetra) una acción, la lleva a cabo por unos motivos muy definidos. Esto es obvio. Que sean altruistas y desinteresados, o turbios y egoístas, es una cuestión que definirá el calado moral de la persona que lo realice. Ya se dijo, sabiamente, que por sus obras les conoceréis y, efectivamente, es por los actos por los que se infieren los propósitos.

De poco provecho le servirá a nuestro prójimo decirnos que nos quiere mucho cuando lo único que hace es sacudirnos. La primera vez nos pillará por sorpresa, pero la segunda estaremos prevenidos si no padecemos de una ingenuidad o estupidez patológica, que de todo hay en la viña del Señor. Del mismo modo, cuando comprobamos que todas (repito, todas) las acciones y decisiones políticas de los últimos gobiernos que ha padecido España van en la misma deliberada dirección para demoler, reventar y triturar el país, es que no estamos ante una serie de sucesos encadenados: Realmente existe una directriz para destruir la nación. Nos podrán llamar "conspiranoicos" u otra palabra que les guste más a los crédulos del Poder (la Viña está sobrada de estos), pero nos remitimos tenazmente a los hechos, tanto como terco es el contenido último de lo que nos expresan. No existe lo aleatorio en política, para impedirlo hay una nómina interminable de funcionarios digitales.

Sin embargo, reflexionar y atar cabos es tarea fatigosa. Muchos prefieren consumir la basura manipulada que se sirve en sus televisores, inoculada concienzudamente junto con su comida o cena diaria, y creerse las habituales mentiras de un gobierno que es lacayo de personajes muy poderosos que están en la sombra, las bondades de un sistema que sacude a la gente precisamente por sistema, y de una democracia que ni está ni se la espera porque únicamente fue concebida para meter a España en un engranaje que ha terminado descoyuntándola, territorial y socialmente. Ya no es que hayan o no hayan unos planes con apellidos exóticos, no: Tienen a las consecuencias de esas hojas de ruta, a las que demasiados aún consideran leyendas urbanas, delante de sus mismas narices. Así que no vengan negando el incendio si la ropa que llevamos ya exhala humo.

Cuando se hagan esa pregunta, espantada y trillada, sobre los responsables de que tengamos tal grado de disparate, de deshumanización y de embrutecimiento, recuerden estas breves líneas. Porque sus actos delatan sus intenciones. Porque por sus obras se les conoce aunque el peor ciego es aquel que se niega a ver lo que tiene ante sí. 

martes, 9 de diciembre de 2014

Ley sin Justicia

Se supone que una de las pretensiones de cualquier ordenamiento jurídico vinculado a una democracia es la de ser justo. O, como mínimo, lo más justo posible. Desde Hammurabi y su código legal, este ha sido el objetivo permanente. Pero, ¿cuál ha sido el motivo que ha empujado al Hombre a buscar una sociedad justa?.

Cuando nacemos no tenemos nada garantizado. Venimos a un mundo caótico sin más bagaje que nuestra desnudez. Estamos indefensos en una existencia amenazada, segundo tras segundo. Para defenderse, los seres humanos constituyeron comunidades, primero sencillas, cimentadas en lazos de sangre y parentesco; con el paso de los siglos, estas forjaron sociedades más y más complejas, donde el vínculo trasciende ya la consanguinidad y se fundamenta sobre otros basamentos. Uno de ellos es la idea de un marco legal justo e igual para todos sus miembros, fácil de enunciar, acaso utópico de aplicar.

El Hombre, en su afán de superación, impregnado profundamente por la fe religiosa y consciente de que la Vida no es justa, quiso que las relaciones con sus iguales y con su entorno estuvieran sometidas a un ordenamiento (de “orden”) objetivo frente al caos que le circunda, sin lógica alguna y aún menos concierto. Era “su” orden, un asidero y un referente para proclamar al Universo entero su negación de la entropía; su estructura de justicia, lo creó desafiante y con carácter estable por encima del paso de las generaciones, donde el culpable de un delito era castigado y la víctima era compensada por el mal recibido. Justicia sencilla e inmediata, acaso brutal y desproporcionada, pero no debemos mirarles por encima del hombro: En nuestros cómodos siglos XX y XXI los verdugos no han tenido desempleo, más todavía en ciertos países, por causas más peregrinas y muy distantes de la Justicia…

Aunque coloquialmente se tienda a confundir la “ley” con la “Justicia” (también el Poder tiene en ello un interés bastardo), cada vez somos más los que distinguimos la una de la Otra. La ley persigue ser un reflejo de la Justicia, que está por encima del Hombre. La ley es humana, puede estar equivocada y ser nefasta; la Justicia, sin embargo, es un concepto superior: Es de Dios (si se es creyente) y/o está en la esfera de la metafísica (si se es ateo). La ley se arrastra por el suelo, conviviendo con los Hombres, y la Justicia se eleva en los cielos, observándonos desdeñosamente. Y también preocupadamente, porque contemplaba a la ley como su sosias y ve como se diferencia peligrosamente con el paso del tiempo. La ley no quiere ser justa ya, sino “conveniente” para el que gobierna, del mismo modo que el que gobierna ya no busca la gloria de su Patria a corto y a largo plazo sino el ir parcheando el día a día sin que le estropee las próximas elecciones. Antaño gobernaban héroes, capaces de rendir sus vidas por altos ideales; hogaño, y siendo magnánimos, trapichean prestidigitadores, encantadores de serpiente que dan bien ante unas cámaras. Su busto será hermoso, quizá, a quien le guste, pero sin seso. Antaño ley y Justicia iban cogidas de la mano como hija y madre. Hoy la hija se ha emancipado y no quiere ser como su madre, a la que detesta como una antigualla.

Pero si la ley se creó para que una sociedad no fuera presa de la anarquía que supondría que cada hijo de vecino se tomase la ”justicia” por su mano, en una cadena de venganzas imparable; una ley errada puede traer las mismas consecuencias indeseables. Si la ley no repara, no sirve, es imperativo cambiarla. Si el principio básico de la Justicia, conocido por todos, es el de castigar al culpable y consolar al perjudicado, se puede afirmar que en España ni el más pequeño destello perdura. La ley se interpreta o incluso “prescribe” a discreción del que manda. Reflexionen acerca de este ejemplo…

Un asesino, con numerosos crímenes a su espaldas, más que algún psicópata asesino en serie, sin haber mostrado el menor gesto de arrepentimiento (muy al contrario) es puesto en libertad para que pueda “vivir” (sí, “eso” que ya no harán sus asesinados) compartiendo la misma vecindad que algunas víctimas. Sangre y escarnio. Sale “barato” matar en España en nombre del disparate más endiablado.

En esta España aberrante y espantosa, como la ley nada tiene que ver con la Justicia, uno puede eludir una pena de cárcel si dispone de buenos abogados y mejores parentescos. Habrá unos cuantos incautos que se rasguen las vestiduras y en dos semanas nadie se acordará. Se pueden dedicar calles, avenidas y plazas a asesinos separatistas; no pasará nada, habrá unos cuantos incautos que se rasguen las vestiduras y en dos semanas nadie se acordará. Se puede estafar a la sociedad entera con corrupciones, prevaricaciones y chanchullos varios; no pasará nada, habrá unos cuantos incautos que se rasguen las vestiduras y en dos semanas nadie se acordará. Se puede ultrajar a la patria; no pasará nada, habrá unos cuantos incautos que se rasguen las vestiduras y en dos semanas nadie se acordará. Y así…

Opuestamente intenten “meterse” con alguno de los “graciosos” políticos que soportamos. Les caerá la ley encima y, paradoja gravitatoria, si es liviana en otros casos, en este será aplastante. No teniendo más que clamoroso deshonor por sus actos, la torticera ley que padecemos les asistirá en su derecho al honor, lo que en sí mismo es un sangrante oxímoron.

Justicia y ley, ¡qué tiempos aquellos en que eran términos sinónimos!. Hoy la primera se avergüenza de la segunda y esta se esconde cobardemente de aquella mientras se muestra obsequiosa y solícita con los más poderosos. Algunos seguiremos invocando a la auténtica frente a la impostora. Otros escudriñarán el espejo para sugestionarse de que permanecen asociadas indisolublemente y volverán la mirada para que la credibilidad de la ley no se vea mermada.

Porque un objeto reflejado en un espejo no es más que una ilusión, una apariencia con barniz de realidad, la ley sólo será ley y considerada como tal si el espíritu de la Justicia la anima, de lo contrario no es más que una imagen fantasmal y se desvanecerá ante la luz de la Verdad.

¿Acaso alguien puede preferir el alimento de un plato situado al otro lado del espejo?...

martes, 2 de diciembre de 2014

Barbarie y corrupción

Cuando una sociedad está en decadencia se pueden ver signos de su podredumbre por doquier. Así fue en la Roma imperial donde la inmadurez del panem et circenses anticipó su descomposición, así fue en Bizancio donde las reyertas entre azules y verdes se cobraban decenas de vidas a la salida del hipódromo donde competían sus participantes, sin olvidar el motín de Niká (532 a.D.), contándose por miles las víctimas. Como siempre esa maestra de la Vida que es la Historia nos muestra el futuro examinando minuciosamente el pasado.

Tenemos la procesión de políticos y dirigentes futbolísticos recorriendo los lugares comunes y habituales cuando acaece una tragedia así, pero ninguno señala que cuando dos quieren matarse (y buena expresión de ello es que presuntamente concertasen la reyerta) elegirán cualquier pretexto (mejor cuanto más absurdo) y momento para hacerlo. Por lo tanto debería irse más hacia el problema de fondo real que no es otro que educativo. Ya pueden venir sociólogos, psicólogos y demás logos que lo deseen para realizar su modesto brindis al sol, de que todo quede en nada y nada cambie, que lo señalaremos igualmente.

Ocurre que las sociedades fundamentan su devenir en una suerte de pacto no escrito que las alejan de convertirse en una jungla violenta. Son una serie de normas ancladas en el sentido común que aseguran nuestra tranquilidad bajo la premisa de que aseguramos excluir nuestro propio comportamiento arbitrario. Es lo elemental que aprenden los críos en el parvulario, algo como "yo no te toco si tú no me tocas". Es evidente que todo ser humano posee una serie de factores irracionales y agresivos, pero esa sociedad, a través de los referentes que establece durante el crecimiento, va regulando mediante la disciplina, personal y social, esos impulsos. Esos referentes se llamaban "maestros" y "padres", ahora son simplemente "profes" y "colegas" con un incomprensible complejo de culpa. Con esa imagen de autoridad es fácil percibir, como símbolo, que aquellos polvos están trayendo estos lodos.

No hay disciplina personal ni social sin autoridad. La indisciplina personal se puede contener con prisiones, pero la social... La social sólo es corregible a largo plazo desde una educación (lo que hacían los padres) clara, ecuánime, afectuosa y firme; y desde una enseñanza (lo que hacían los maestros) justa, equilibrada y que rescate el concepto, tan denostado hoy (así nos va) de "personas de provecho". Una nación con disciplina social afrontará cualquier reto, cualquier desafío, y lo superará con éxito. Si esta desaparece en medio de tumultos esperpénticos, causados por cualquier frivolidad, por exceso de sustancias psicotrópicas y/o por aburrimiento, no cabe duda de que el desastre va asomando por el horizonte. Es cuestión de tiempo y de ocasión que llegue.

Pero lo más paradójico, por último, es que viviendo la situación que padece España, este tipo de sucesos ocurran bajo los colores de este deporte. Las multitudinarias manifestaciones no son para reivindicar el derecho a la Vida, no, son para protestar por el descenso administrativo de algún club. No esperen muchedumbres enfurecidas pidiendo trabajo, o clamando para que nuestros hijos no engrosen esa sangría que les lleva al extranjero a buscarse la vida, tampoco; casi nadie cuando los usureros hacen uso torticero de unas FyCSE que pagamos todos para que se incauten de los domicilios de personas que han perdido su empleo y son condenadas cruelmente a una pavorosa muerte civil.

Ahí no verán a casi nadie. Y esas razones, entre otras, sí que harían comprensible un día de la ira... Pero no hay ira donde no hay otra cosa que barbarie y corrupción...

martes, 25 de noviembre de 2014

De premios y premiados

Partimos de la proposición de que consideramos los premios artísticos como un engaño. Un pretexto para favorecer a tal o a cual creador pero de modo que parezca un accidente, algo fortuito, aleatorio y objetivo. Y eso es completamente falso. Entendemos que la emoción y la presunta imparcialidad generan mucha expectación y publicidad, que es lo que busca el promotor de los premios; y que capta una serie de autores que concurren con su mejor o peor voluntad. Sin embargo, lo que invalida intelectualmente la concesión de los premios es que los jurados suelen estar sugeridos de antemano y que los autores no están en pie de igualdad entre ellos.

En primer lugar, el artista o creador no concibe su obra, bien por inspiración o bien por transpiración, como un producto que acude a un certamen. Si un autor pensase en el selecto grupo de señores que van a examinar su trabajo, estamos seguros de que le sobrevendría un gatillazo, aunque sea mujer, por aquello de que no hay nada que espante más a las musas como que vengan unos sujetos sin arte ni parte a juzgar o a sojuzgar lo que es un acto de amor. Amor al arte o amor a secas, que la creación como tal resiste y existe gracias al pretexto que le da la vida.

En segundo lugar, someter a valoración una creación o la trayectoria de un autor es un ejercicio de soberbia. ¿Por qué razón considera un jurado que su dictamen está por encima del Bien y del Mal, eso en el mejor de los casos? ¿No quedamos en que el Arte es libre y como tal no debe ser escrutado inquisitorialmente? ¿Su docto criterio está libre de prejuicios y/o sectarismos? ¿No desdeñarán una obra que pasará a la posteridad y galardonarán otra que nadie recordará a la vuelta de unos años? ¿Quién o quienes determinan el criterio de un mayor mérito? ¿Cuáles son sus premisas? Demasiadas preguntas sin respuesta, demasiados comensales para un plato.

Y en tercer lugar, la dotación económica. Sería más respetable que Fulánez o Mengánez, respetables empresas o instituciones del sector (como si el Arte pudiera serlo) otorgasen el dinero directamente al creador o creador de sus desvelos, y facilitarían la labor de evitarse una decepción a muchos artistas que acuden a concurso con toda la ilusión de la que es capaz un iluso. En su consuelo les diremos que al final de cuentas, solamente se acuerda de quien ganó tal o cual edición del Premio X aquel que ha visto engordar su cuenta corriente, porque lo que es el común de los mortales seguirá rigiéndose por lo que le digan sus allegados y conocidos, por lo que sea sugerido por su olfato de lector y encuentre en el estante de una librería y, más ahora, con lo que le agrade navegando por Internet. No harán el menor caso más allá del bombardeo publicitario puntual de los medios haciendo de voceros del que ha obtenido dicho Premio X. Un padecimiento fugaz, sin horizonte más allá de unos días.

Por último, si ya nos sobran los premios y a modo de colofón y ejemplo, diremos que es tristemente sorprendente que el Premio Cervantes 2014 haya recaído sobre un autor que desprecia notoriamente lo español pero que escribe en español, lo que no deja de ser un oxímoron; y que sea el propio gobierno (es un decir) el que salude su consecución como si se tratase de un escritor más. Nos remitimos a las líneas de José Javier Esparza, que suscribimos por completo. Una vez más, y ya hemos perdido la cuenta, dejamos que una pandilla de ignorantes nos pongan de vuelta y media por sistema, y descontentos con no ponerles argumentalmente en su sitio, van los ignorantes que mandan (es otro decir) y le premian. Cervantes debe revolcarse en su sepulcro, si lo buscan en estos días podrán hallarlo por el escándalo que debe de andar haciendo el buen manco de Lepanto en su tumba. A este paso, el mentiroso de Bartolomé de las Casas será beatificado como patrón de la verdad. Que están en ello, por cierto.

Va a ser cierto que no cabe un tonto más en España. O lo que queda de ella.

martes, 18 de noviembre de 2014

¿Dónde están los españoles?

El mes que viene celebrarán con mucho ruido y fasto los 36 años de la constitución de la Concordia. No se sabe si puede conmemorarse algo que se ha quedado inédito en algunas partes de nuestra geografía, y fallido porque ya se sabe que existen artículos que no son de aplicación para según qué asuntos y los señores que tienen derecho a una jubilación con sólo siete años siete de diputado ni se han molestado en desarrollar. Es que trabajar en el centro de Madrid es fatigoso...

Se la podría calificar de un brindis al sol. El artículo 3.1 es una broma (El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla”), sólo un ejemplo porque a buen seguro que ustedes encontrarán más. Ha quedado como algo opcional y residual, como el propio derecho a la Vida, según convenga al político de turno, que no vacilará en fingir que se emociona cuando se refiere a ella o que dimite indignado. Todo es teatro. Mientras se siguen liquidando niños en el vientre de sus madres y nos salen los pagapensiones por las orejas, que esos sí tienen hijos, además de poner visillos a sus mujeres (clamoroso silencio de las feminazis, su odio sólo es contra lo católico y contra España, valga la redundancia). Ya se sabe que los mejores actores no protagonizan películas, sino la pesadilla en la que han convertido nuestras vidas, ellos, junto con los oligarcas, gran patronal, banqueros y sindicalistas del sistema, en dura competencia para ver quien termina de hundir la nación más antigua de Occidente.

A uno le gustaría tener una Constitución que protegiese al ciudadano del insaciable Estado y a la Nación de sus políticos gárrulos, paletos y corruptos. A uno le gustaría tener una Constitución que no garantizase tantos derechos fantasmales pero que posibilitase realmente, de verdad, que los españoles tienen techo asegurado y trabajo digno con el que sacar adelante a sus familias en un país que volviese a ser referente del mundo en libertad, investigación, innovación y cultura, como ya lo fue durante el siglo XV, el siglo XVI y gran parte del XVII, digan lo que digan los talibanes anticatólicos, los resentidos sionistas, el infame marketing anglosajón que no deja hablar a los indios porque acabó con casi todos; y a los demás voceros de una leyenda negra tan falsa como increíble si se tienen dos dedos de frente, o si se quieren tener, que a menudo no conviene.

Pero dicen que el ser humano es dado a idealizar el pasado cuando lo que tiene es un presente de plomo. Por eso gustan en comparar esta Constitución vigente con la de 1812, cuando España estaba en guerra, sufriendo a las tropas de Napoleón y padeciendo a las de Wellington, con su rey de vacaciones (Borbón, por cierto) disfrutando de elegantes y apasionantes bailes en el Castillo de Valençay... Y había una Nación que luchaba por ser libre a sangre y a fuego. El Bonaparte nunca habría sido derrotado sin el “avispero español” como él mismo reconoció. Ahora las crisis, sumadas a unos españoles que reniegan de su Patria pero no pierden oportunidad para esquilmarla, unos políticos que ignoran lo que pasa en las calles de su país (en el mejor de los casos, ya he mencionado lo de la rampante corrupción), un derroche desmedido, sin cuento, con centenares de miles de enchufados que matarán por mantener su pesebre, con administraciones duplicadas, triplicadas, como los impuestos que precisan para sostenerlas; con una iniciativa privada asfixiada, con un genocidio encubierto contra el español disfrazado como derecho a abortar, con la juventud haciendo la maleta y el enemigo en casa... Ahora bien, año 2014, ¿dónde están los españoles?...

Acaso buscando alimento en los contenedores de basura porque no tienen ayudas de ninguna clase, se topen entre ellos el día menos pensado y quieran hacer algo juntos... De nuevo.

martes, 11 de noviembre de 2014

El suicidio

Es un mecanismo misterioso. Etólogos, zoólogos y biólogos aventuran hipótesis, con mayor o menor acierto, pero no han dado con la clave exacta que explique la razón por la cual, en algún momento determinado, un grupo de animales de una especie decide morir. “Dejarse morir” para ser preciso, ignorando su innato sentido de la supervivencia. Quedan varados en una playa o se precipitan a sus depredadores, tanto da, la cuestión es que han tomado la firme resolución de acabar con sus vidas. Si un samaritano, piadoso, les salva, se encontrará con la tenaz voluntad del animal que no renunciará a su propósito. Dicen que la constancia es una cualidad del raciocinio.

Claro que lo que puede ser en los animales, en el ser humano es la prueba de todo lo opuesto. De suprema necedad. En esta especie van faltando los samaritanos dispuestos a preservar vidas mientras abundan los miserables que incitan a sus semejantes a despedirse de este mundo, o convencen a mujeres para que no lleven a término sus embarazos. Es un hecho constatable, no nos acusen de conspiranoicos. El disparate que les lleva a esa actitud es lo de menos porque las consecuencias son devastadoras para la sociedad en general. El “pensamiento” (por llamarlo de alguna forma) nihilista se extiende como una mancha de aceite al tiempo que va dinamitando las instituciones (la familia, por ejemplo) sobre las que se cimenta esa sociedad. Como víctima de un tumor, se la puede considerar desahuciada si no se combate valientemente esa ponzoña.

Porque va calando poco a poco. Es complicado rebatir ese nihilismo relativista sustentado por sofismas y planteamientos llamativos, más aún si está respaldado por los medios de manipulación. Todo un pensamiento espectral, en el más amplio de sus sentidos. Es complicado… Si se prefiere la molicie de eludir el debate, porque cuando este se produce la nada tiene la mala costumbre de diluirse si recibe un par de contundentes mandobles argumentales. Pero hay gente para todo, incluso para dejarse matar con tal de no perder su comodidad. Ficticia y con fecha de caducidad, por otra parte.

La Historia, que es maestra de la Vida, nos muestra que las civilizaciones (ojo, las que merecen ese nombre) se hunden por deméritos propios. Roma no fue derrotada en el campo de batalla, sino que se descompuso desde dentro. Los bárbaros se limitaron a aprovechar la oportunidad. La España gótico-romana sí perdió una batalla (Guadalete o La Janda), pero ese puñado de musulmanes habría fracasado en su invasión (como sí lograron los francos en Poitiers), si se hubieran topado con una sociedad sana, estructurada y bien dirigida. Aprovecharon su oportunidad, con otra que estaba quebrada en todos los órdenes, socavada y traicionada por aquellos que deberían haberla defendido. ¿Les suena de algo?

¿Piensan que todo eso es muy distante, muy lejano? No es para tranquilizarse. Como hace 1.300 años, hay quienes han puesto en su punto de mira a la nación más antigua de la Cristiandad, uno es tozudo y por sentimentalismo se obstina en seguir usando esa denominación. Vemos como se descose y a nadie de los que mandan parece importarle demasiado. Repetimos escenario. Nada nuevo bajo el sol. 

Así que, como conclusión, se puede afirmar que las sociedades también se suicidan. Porque rechazan perpetuarse reduciendo su natalidad. Porque esta es imposible teniendo que soportar unas hipotecas de auténtico latrocinio. Porque se renuncia a conservar y a fomentar las señas de identidad que nos definen como pueblo. Porque se vacía y/o adultera el sustrato ideológico, legal e intelectual sobre el que se asienta su trayectoria histórica sustituyéndolo por mentiras y fabulaciones. Porque su indolencia se escuda en una “tolerancia” que no es recíproca. Porque su unidad nacional no es defendida desde la ley que, finalmente, resulta ser papel mojado, presa de un positivismo jurídico de conveniencia para un Poder político corrompido, encastado, depredador, inoperante, felón y prescindible.


Porque lo peor de esa cobardía es el miedo al futuro. Tanto que muchos desean estar muertos. Vale, pero que no nos arrastren a los que nos preciamos de ser supervivientes...

martes, 4 de noviembre de 2014

Tierra quemada

Cuenta la intrahistoria, la de los pequeños detalles, la que explica los grandes sucesos de la Historia y que tanto desprecian los historiadores marxistas, que hace poco más de 200 años justos, cuando Napoleón avanzaba sin resistencia por la estepa rusa al frente de su Grande Armée (casi 700.000 soldados), el Bonaparte se preguntaba por la razón que impelía a los rusos a retirarse sin oponer la menor resistencia. “No se debe de preocupar, Sire, los rusos son unos cobardes, bastante tienen con llevarse todo mientras salen corriendo”, contestaban sus mariscales eufóricos, incapaces de contener sus celebraciones por tan gran victoria, todo un paseo militar. Napoleón, el “ladrón de Europa”, que se caracterizaba por su aguda inteligencia pese a otras veleidades, simplemente respondió, “precisamente eso es lo que me preocupa: Que nada nos dejan que pueda ser de provecho…”

Y el tiempo, en sus dos acepciones, no tardó en darle la razón. Hasta Moscú fue incendiada por los propios rusos. Los cosacos comenzaron a hostigar las líneas de aprovisionamiento francesas y las inclemencias atmosféricas se echaron encima. La retirada fue un desastre para el emperador y sus tropas. El zar Alejandro I (el zar del sepulcro vacío para estupor de los revolucionarios bolcheviques, cosas de la infinita madre Rusia) le había derrotado sin apenas exponerse. Un ejemplo más, de los muchos que la Historia ofrece, para ilustrar lo que es la estrategia de “tierra quemada”: Replegarse destruyendo todo lo que pueda ser de utilidad al enemigo.



Esa táctica también se utiliza en política. Y en la vida. El castellano dicho de “el que venga detrás que arree” es muy antiguo. Tierra quemada. Eso es España, que ya ni sabemos si Podemos llamarla así.

No se comprende la inconsciente alegría que mostraban los del gobierno hasta hace poco. Han quemado todo. Poseen el dudoso mérito de haber acabado con lo poco que restaba. Como algunos rateros avariciosos, se están llevando hasta la caja de caudales para ver si les es posible venderla para fundición y rebañar hasta la último cuarto, no sea que lo disfrute algún español necesitado cuando ellos precisan de tanto para seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades.

Uno se pregunta para que sirven ciertas organizaciones supranacionales. La idea, con flores y pajaritos, es que impidan que los europeos volvamos a enzarzarnos en guerras, cada vez más destructivas. Pero ni siquiera eso, no olvidemos el caso yugoslavo y la indescriptible inoperancia de la Unión Europea y de ese invento del Nuevo Orden Mundial que es la ONU. En 1986, en pleno entusiasmo europeizante, España se adhirió alegremente a la entonces Comunidad Económica Europea. Lo que no se contó es que el Tratado reducía a nuestra nación a ser un país de servicios, o como dijo un político francés cuyo nombre no merece ser recordado (pero sí que era masón), “España será un país de putas y camareros”. Con esta Europa mezquina y cobardona siempre se ha negociado mal y con complejos. Y ahora…

Y ahora, prosiguiendo los mimos y arrumacos en forma de chorro de dinero recién impreso hacia las entidades financieras, que no hacia las familias y la economía productiva, para ahondar en la táctica de quemar todo lo que pillan para dejar como una quebrada yerma y calcinada el solar de nuestros antepasados, los mismos que desbordaron sus fronteras, límites y limitaciones construyendo catedrales, universidades y cabalgando sobre las olas de unos océanos hostiles amparándose únicamente en su fe en sí mismos porque Cristo estaba en esa fe...

Nada quedará para arrear y difícil será combatir el enemigo inventado del nuevo Califato, al que los medios de manipulación se obstinan en denominar "Estado Islámico" no sea que nos entre una calentura Cruzada. Así se descose Occidente, huérfana de líderes, de Principios y de héroes. Ahíta, sin embargo, de un hedonismo ñoño y nauseabundo que la consumirá hasta las heces. Como el fuego a su presa...

Así que ya saben, por el humo se sabe donde está la llama. O la tierra quemada. Porque todo es un enorme incendio…

martes, 28 de octubre de 2014

Tangentópolis

El término que encabeza el “Comentario” de hoy se acuñó en la última década del pasado siglo. Se refería a la corrupción en una ciudad italiana (Milán), tan generalizada que alumbró una nueva denominación para la romana “Mediolanum”: “Tangentópolis”, de “tangente” (“comisión” en italiano), sumando el sufijo “polis” (“ciudad”, en griego). En esa ciudad transalpina nació la investigación en 1992, pero la red abarcaba a toda la querida Italia, generando un colosal proceso judicial  que se llamó “Mani Pulite”. 

Fue tan gigantesco que se llevó por delante a los partidos tradicionales de la escena política italiana por la imputación de políticos, empresarios, funcionarios, magistrados, ediles, etcétera. Supuso el cambio del sistema electoral del país hermano, del proporcional al mayoritario, que favorecía los posibles personalismos de los candidatos pero castigaba a los “culiparlantes” que se colaban en las listas electorales con la pretensión de medrar a costa de un cargo público o, directamente, metiendo la mano en la caja del erario. Se puede hablar de “refundación”, parcial pero valiente, lo que Italia acometió durante esos años. Otra cosa es cómo degeneró después. Está claro que la corrupción es inherente al ser humano, como inherente debe ser su voluntad de combatirla, según demostró la sana sociedad civil que protagonizó ese cambio.

La crisis económica propicia que se tornen locuaces los que antes recibían dinero por callar y dejarse prostituir. Los velos que ocultan turbios secretos se vuelven más livianos faltando el vil metal, y por doquier comienzan a saltar los escándalos con un elemento común: Manzanas podridas hay en todos lados, tanto, que hace falta una cirugía drástica y en profundidad. No sirve titubear o mirar para otro lado: Hay que actuar con contundencia si no queremos convertirnos en cómplices por omisión, en esa hipocresía y relativismo moral (o ausencia de moralidad) de que algunos comportamientos son válidos según de quienes vengan, y no debe tolerarse eso. Lo que está mal, está mal, proceda de quien proceda. Si los partidos están configurados de forma que favorecen la aparición de esa basura que es la corrupción y los corruptos; es que entonces es imprescindible un cambio radical y han de ser demolidos.

Tampoco es de utilidad el victimismo, si bien es cierto que los medios de manipulación señalan más lo que más les conviene y ponderan sutilmente administraciones extrañas y opacas que no tienen nada que envidiar a la corrupción nacional. Ellos a lo suyo, que es promocionar las estructuras del NOM en su versión de Bruselas intentando abatir cualquier idea de nación, o, lo más terrible, asociándola disparatadamente a la corrupción que padecemos como algo propio de "aquí", (que si pronuncian "España" les puede salir un cáncer de lengua). 

La corrupción es propia del que detenta Poder. En esta España lo que más hay son “centros” de Poder: Comunidades autónomas, ayuntamientos, diputaciones, aparte del propio Estado, todos con sus gestores nombrados a dedos por políticos o en oposiciones "trucadas" hechas a medida del opositante... Sin contar con todos los cuñados, amigos, vecinos que pastan en las empresas "públicas" diseñadas para ocultar agujeros, colocar a los colegas y servirse de recursos que pagamos los contribuyentes: No se quejen luego de que España funcione así, la cosa va por familias y allegados, sea el CNI, el tribunal de cuentas o el sursum corda. Pero todos toditos ganando una pasta gansa a costa de lo que usted paga, por ejemplo cuando reposta combustible o paga un café. Así que fíjense si la corrupción puede salpicar su bolsillo.

Lo peor es que también puede hurtar el alma...

martes, 21 de octubre de 2014

El Poder

Cuando hablamos de "Poder", hablamos de algo que es intangible. Nadie ha visto nunca al "Poder", pero todos hemos podido comprobar sus efectos, "defectos" muy a menudo, más a menudo de lo que nos gustaría a los pobres mortales. Siendo invisible logra ser más letal que muchos fenómenos naturales. Puede destrozar vidas, haciendas, sueños, proyectos... No sería descabellado afirmar que la acción del "Poder" esculpe la realidad que le parece pertinente pasando por encima de lo que sea. Tanto es así que hasta hay colectivos políticos que convierten en su denominación a esa verbalización de un acto de voluntad. Pero no nos engañemos, es un gigante con pies de barro porque se fundamenta en una ficción aceptada tácitamente por todos, como lo es, por ejemplo, la fortaleza de esas piececitas de metal y papelitos de colores que llamamos "dinero". Como nadie lo cuestiona, alardea con soberbia, y lo hace porque nadie pone en tela de juicio su "labor", menos aún los límites de su actividad. No se le tiene tanto respeto como temor. No tiene tanta legitimidad (por haberse excedido en sus funciones) como desconfianza generan sus "trabajos".

Pero el "Poder" no es una entidad animada por sus propios fueros. El "Poder" es movido por personas como usted, o como yo. Por su honradez y claridad de miras pueden merecer el honor de gobernar una nación. Infrecuente pero no imposible. Mas cuando no es así, se les ve el plumero rápidamente. Y son esas personas el problema: ¿qué les hace colocarse en plano de superioridad y decidir por nosotros?. ¿Por qué creen que ellos son mejores que el común de los mortales?, y lo más terrible, ¿por qué lo aceptamos sin discusión?...

Hay personas que desean conseguir el "Poder". Otras quieren tener el "Poder”. Existen las que quieren "poseer" el "Poder Omnímodo" (¿verdad, Mariano?). Incluso hay quien quiere ser el "Poder" como encarnación personal. Si les preguntamos por sus razones, nos contestarán que para elevar el nivel de vida de sus conciudadanos, para desarrollar las libertades y flores y pajaritos y patatín y patatán, pero no contestarán claramente porque la interrogante es ambigua. La correcta sería "¿por qué piensan que deberían ser ellos los que ejercieran el "Poder?"; y no obtendríamos contestación válida. Se escudarán en las bondades de una democracia que no es, sino una coprocracia. Como les conocemos sobradamente, sabemos que volverían a irse por los cerros de Úbeda de los buenos deseos botánicos y ornitológicos para ocultar oscuras intenciones. Tan oscuras como evidentes con espíritu deductivo. Y crítico.

Bastantes de estos elementos (diríamos que todos, pero la Navidad se acerca y seremos benévolos) consideran el ejercicio del poder como un fin en sí mismo. Una vez "conquistado", nada hay más allá. Recuerdo la escena final de la excelente película "El candidato", protagonizada por Robert Redford (mejor actor que activista), en la que su personaje espetaba a uno de sus asesores, tras ganar unas elecciones, "bueno y ahora, ¿qué?". El filme acaba ahí de forma muy sugerente. Muchos políticos opinan que su carrera ha llegado al cénit cuando entran en los múltiples engranajes del Poder. Sestean culiparlantes cuando debería comenzar su auténtica labor, la dan por amortizada, para desgracia de sus electores y demás sufridores que les han creído o, peor aún, les han apoyado y/o elegido con mala fe, (que los hay). Incluso hay sociedades "discretas" cuyo único y exclusivo objetivo es infiltrar al mayor número posible de “hermanos” en puestos claves para mejor medrar al amparo del Poder. La sociedad transformando, aunque no quiera, y los recursos bajo su mando. A su juicio, el Poder debe ser suyo porque son los que mejor pueden guiar la evolución y el devenir de las sociedades que dirigen, hacia los fines que ellos designan, y ese es el pecado. De lesa humanidad: Las sociedades están formadas por familias, por ciudadanos. No necesitamos arquitectos, ni mandiles. Para eso ya tenemos nuestros Principios y los Evangelios para instaurar una auténtica Justicia Social, que es mejor que la engañosa estafa de la "Igualdad" que sufrimos desde la Ilustración. Mentira sobre mentira. 

Abusar del prójimo forma parte de la naturaleza humana. Un particular lo hace en su modesta dimensión y los que le rodean pueden y deben impedírselo. Será taimado, indignante, patético y/o hilarante en una escala muy pequeña. Pero si algunos dirigen el Estado y abusan, será imposible detenerlos porque el Estado es la herramienta que utilizan para investirse de autoridad al ser insuficientes las marrullerías de sus oligopolios, Prioratos y fraternidades. Hay muchos caminos para llegar a esa Babilonia. Por mucho que se envanezcan, su Poder reside en la figuración que nos hacemos los demás acerca de ellos. Y sin ello, no valen una higa porque no son más que un espejismo.

Con una adecuada Disciplina Social, hasta el Poder sobra. Pero eso es una utopía hoy por hoy en esta sociedad ñoña y sin Principios. El caso de España, es un ejemplo meridiano, palmario, de cómo se puede asaltar el Poder por un reducido grupo de personas con las ideas muy definidas, muy claras y una estructura de mando nítida. Vemos sus consecuencias día a día. Pero si es así es porque se lo permitimos: Ningún Poder es tan vigoroso como para soportar la desobediencia de sus despreciados vasallos. Sin ese requisito, la alucinación se desvanece para comprobar que el emperador está desnudo. Por ese paño se descosen antes de volver a la nada de la que nunca debieron salir. Menos lamentos, menos palabras y más unidad de acción y más hechos, que los hechos hablan alto y claro por sí mismos.

martes, 14 de octubre de 2014

La España menguante

Hablamos de España, tras un doce de octubre que ha sido pasado deliberadamente de puntillas por los que mandan, no se sabe si por vergüenza o por seguir a lo suyo sin pretender llamar la atención. Hay dos modelos de España completamente antagónicos, tanto, que mientras uno lo es y está casi inédito porque se ha cedido sistemáticamente en todo a los separatistas (no se tranquilicen por la "no-celebración" de carnavales en noviembre porque perseverarán por otras vías); el otro no lo es en absoluto por ser otra “cosa”, informe, que amenaza crecientemente una libertad que nunca ha llegado a ser plena (decía Goethe que “nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo”), a causa de un estado que prefiere condenarnos a la inmadurez cívica, tutelándonos, antes que ser mero instrumento que facilite la convivencia ciudadana. Y esos polvos traen estos lodos…

No vamos a ocultar, porque nos tenemos por políticamente incorrectos, que de la palabra "Transición" a "Traición" sólo hay dos letras que se pueden perder por el camino o colocar para despistar a incautos, que por estos lares son legión. A la muerte del generalísimo Franco se pretendió cristalizar en lo político una "Reconciliación Nacional" que ya existía desde hacía lustros en la sociedad. Esa era la intención, era buena, y las Cortes franquistas se sacrificaron para dar ese paso histórico. No esperen ahora nada semejante. Hay que reconocer que otros, por carecer de ese espíritu patriótico, no se harán a un lado por no perder sus prebendas. Mas ellos lo hicieron y no está de más recordarlo por los que lo vimos y lo vivimos y para ejemplo veraz de los que vienen sufriendo otras milongas similares al cuento del sacamantecas.

Y llegamos a la raíz del problema. En España, los cambios siempre han estado promovidos por camarillas, sin alentar un movimiento ciudadano que lo secundase siquiera. Al pueblo se le ha servido la mesa, paternalmente pero con suficiencia, porque no se le ha considerado capacitado más que como carne de cañón. Es duro y cierto. Los dirigentes sólo han acudido a su concurso cuando ha habido sed de sangre, intoxicando y manipulando, que en eso la Masonería, infiltrada hasta las heces ha sido magistral. En 1808, ni eso porque ya se habían plegado a los designios del ladrón de Europa y fueron los pueblos, las gentes, que aunándose en Juntas plantaron cara al infame Bonaparte, que aún hoy cuenta con muchos afectos. El siglo XIX estuvo jalonado de motines y pronunciamientos militares, pero eran aislados, los cambios gubernamentales se efectuaban entre la indiferencia del común. El español, entonces como ahora, se lamentaba pero se sentía impedido para cambiar nada. Las “llaves” de la gobernabilidad estaban en otras manos porque se consideraba que “eran” de otras manos. Cuando se hartaba salía a la calle, pero cuando terminaba la asonada volvía a su casa y la situación poco se había modificado. No ha habido sociedad civil porque tampoco le ha interesado al Poder, un Poder que, invariablemente, prefiere servirse de un estado que dirige y engorde cada vez más a costa de dedazos para convertirlo en un infecto pesebre de fidelidades cruzadas. Con un control ejercido desde la sociedad civil, eso es más complicado de llevar a cabo.

Sabiendo esto, volvamos con la Transición. Dirigida por unos pocos (y de dudosa calidad), se redactó una Constitución “posibilista”, muy ambigua, en la que todos se vieran reflejados y de la que nadie pudiera decir que no contemplaba sus expectativas, por disparatadas o felonas que fueran. Y eso fue un gran error, porque cuando no se quiere disgustar a nadie, con el tiempo, se irrita a todos porque pretender lo primero es una entelequia. Así se dio paso a un estado “autonómico” teóricamente intermedio entre el modelo unitario y el federal, pero que, en la práctica, ha rebasado centrífugamente a este. Ninguna región federada en el mundo disfruta de tantas competencias como una “comunidad autónoma” de España (ya es un decir), hasta el punto de que el estado central es un espectro. Eso no estaría mal, pero nos ha pasado como a las ranas de la fábula que pedían un rey. Descontentos con un madero, nos han enviado una cigüeña que nos está devorando. Con las nuevas tecnologías, con un estado accesible a todo ciudadano mediante Internet, presente hasta en la más pequeña habitación donde haya conexión a la Red, no es precisa una administración regional, con lo que cuesta su mantenimiento, salvo que se esté caminando en dirección a la separación de España. Si por costumbre además se da oxígeno y alimento a los separatistas, verán despejada la vía hacía sus objetivos.

Engañando y aleccionando en el aborrecimiento a todo lo español, en las autonomías se fragmenta la cohesión nacional, intacta hasta que a un tal Arana le dio por escribir sandeces porque una chica de Burgos no quiso nada con él. Como se quiso integrar a todos en la estructura constitucional, ahora se corre el riesgo de la desintegración. Paradójico pero veraz. Se hizo algo tan antinatural como contar, en el parlamento nacional, con personajes y planteamientos cuya razón de ser es la destrucción de la unidad de España. Como si ustedes introducen en su casa, amistosamente, a un individuo que sólo alberga deseos de matarle y robarle, por este orden u otro. Terminará haciéndolo. Así, con la cizaña favoreciendo partidos según su conveniencia y rifando sus apoyos al mejor postor para sus intereses (separatistas) hemos llegado a una situación descabellada: Por mor de un sistema electoral “incluyente”, nos gobiernan unos políticos corruptos avalados por unos pocos cientos de miles de votos, muy concentrados geográficamente. La perversión demagógica ha llegado al extremo de que los partidos de ámbito nacional se están “regionalizando”, mimetizándose con esos separatistas, creando unas familias políticas que respiran antipatriotismo por sus cuatro costados y que sólo se cuidan de la permanencia de su “chiringuito” acabando con un sistema de cajas de ahorros que había funcionado bien hasta la Ley de Cajas de 1985. Relativistas ellos, para acrecentar la descomposición social ahondarán la lobotomización de esta sociedad para que no proteste, emponzoñándola con lo “moderno” cuando ello no es más que la inmoralidad de toda la vida; crearán fronteras donde nunca las hubo y potenciarán, fruto de su complejo de inferioridad, una mítica lengua materna desdeñando la universal que es el castellano, y condenando, de ese modo, al paletismo y a la marginación a sus nuevas hornadas generacionales. No hay amor por España. Sociedades “autonómicas” más reducidas y más manejables, con otra lengua para que no entiendan el idioma de libertad que ha sido y será, siempre, el español. La unidad de España se queda en nominal, útil para recibir dinero, molesta e inexistente para solidarizarse con los españoles de otros sitios. En ese camino estamos, pero hay indicios para sentir esperanza…

Que hay que regenerar la Nación. Que ya está bien de meternos la mano en la cartera y ofender nuestra inteligencia. Que basta de componendas con movimientos antiespañoles que se nutren del miedo y de la sangre de nuestros muertos, porque los caídos por el terrorismo son los muertos de todos. Que estamos hartos de sus mentiras e imposturas. Que no nos digan como tenemos que vivir. Que no nos digan lo que debemos pensar o como debemos educar a nuestros hijos. Que no queremos que nos los infecten con sus tonterías. Que queremos la Verdad y la Libertad. 

Que la Una va de la mano de la Otra...

martes, 7 de octubre de 2014

El sinsentido autonómico

En este siglo XXI de nuestros pecados, en el que la Administración del Estado está a un click de distancia, aparte de tenernos vigilados hasta la saciedad, es completamente absurdo sostener a costa de nuestro sacrificio administraciones intermedias como la de las autonomías, salvo que se las considere el cortijo de la casta política para colocar a los suyos.

Uno de los adjetivos que más usan los tolerantes, (furibundos ellos, no podemos reproducir otros), es el de llamar "fundamentalistas" a aquellos, como nosotros, que niegan la necesidad de un estado autonómico. Es decir, según esta gente, somos "fundamentalistas" por defender la unidad de España, el Derecho a la Vida, la libertad y la Tradición católica de nuestra Nación, una lengua común para todos los españoles y la plena separación de poderes. Todo eso sin entrar en planteamientos más profundos, que no entran, seguramente porque eso de leer otra “reunión de letras” que no sean las producidas por los medios de manipulación en prensa, les debe resultar una gimnasia fatigosa por las agujetas mentales que les pueden causar. Sus enconados ataques llenos de faltas de ortografía ("horticultura" que dirían Les Luthiers) no ocultan que sus identidades históricas son fabuladas o exageradas y, por supuesto, posteriores en el tiempo a la definida y clara unidad nacional que fue la Hispania goda. 



Queremos, desde el principio, exponer la certeza de un sistema que es caro, ineficiente, insolidario, destructivo de lo nacional y que no responde a las expectativas del ciudadano: El autonómico. Este modelo territorial pretendía ser un cauce intermedio entre el federal y el unitario para, ingenuamente, satisfacer y colmar las exigencias de personas que reniegan de ser españoles. La Transición abarcó varios años, por lo que no se puede inferir que tuviese espíritu navideño, pero a tenor de los basamentos intelectuales de sus promotores, que suponían una lealtad y un límite (que nunca han tenido) a los separatistas, da la impresión de que aquellos actuaban con una mala fe monumental o eran unos incautos. Incluso ambas. Dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones, pero con los males generados por este tema y otros daños colaterales seguro que ha quedado completamente pavimentado. Así se creó una administración adicional, intermedia entre la nacional y la municipal, con una voracidad fiscal y de recursos gigantesca, con un ejército de funcionarios propios mejor remunerados incluso que los adscritos a los anteriores tentáculos citados. Si un señor de Gerona se quejaba de tener que visitar Madrid para resolver algunos asuntos, ahora calla, por temor, el hecho de que tiene que ir a Barcelona, con mayor frecuencia que antes a Madrid, y de que sólo le atiendan en catalán. Un centralismo periférico que con las nuevas tecnologías no tiene sentido, según decíamos en la introducción, como una administración intermedia con su inacabable cohorte de funcionarios. Más endeudamiento, más control para exacerbar su ánimo confiscatorio e intervencionismo absurdo.

Al españolito le meten la mano en la cartera para sacarle dinero tres administraciones, (vamos a exceptuar la criptocracia de Bruselas, que también se lleva lo suyo), tres, cada una de un posible padre distinto pero con algo en común: Las sostiene el mismo trabajador, el mismo padre de familia, el mismo autónomo, en definitiva, los mismos contribuyentes de siempre, que por cierto no recibirán ayuda ninguna cuando, por esas cosas de la vida, se topen con problemas. Porque aquí son así de chulos ellos y se auxilia al de fuera, mejor si es hostil hacia nuestras costumbres y cultura, que al nacional, que eso es Fascista según los voceros a sueldo. ¿Realmente piensa alguien que el español medio puede soportar indefinidamente el esfuerzo económico de mantener tres (cuatro, en realidad) administraciones públicas? El contribuyente, el español que convive de mala manera con su hipoteca, su préstamo del coche, las tarjetas de crédito estiradas al máximo, los libros del cole de los niños, sus ropas, calzado y manutención, todo eso con un sueldo sumido en la depresión y menguando, está pagando el sostenimiento corriente de tres administraciones sin contar con el rescate financiero, una deuda desbocada y exorbitante que han acumulado estas corporaciones regionales y locales y que nos terminará cayendo encima.

A tal fin diseñaron una ley electoral basándose en la Ley d'Hont, apropiada para países como Holanda o Austria, con escasas o nulas fuerzas separatistas. Sin embargo, España no es pequeña (al menos no geográficamente), han destruido su cohesión y, mientras, la centrifugación separatista aumenta sus exigencias felonas al amparo de unos políticos “españoles” que prefieren entenderse con Pedro Botero antes que ser leales a la Nación que les elige. De este modo se aseguraron de que las minorías concentradas geográficamente, es decir, separatistas, estuvieran en el parlamento nacional realizando su vil oficio de desintegrar la Nación. La única: España.

Y ahondaron la sima con la desmembración de Castilla para que el proceso fuera irreversible y no se pudiese aglutinar en torno a ella un nuevo proyecto nacional. Los separatistas se atribuyeron derecho exclusivo para gobernar en “sus” regiones. Cualquier argumento contra ellos es una “agresión” hacia la “sensibilidad nacional” en una ridícula e interesada confusión entre la región y las siglas de su traición. De forma imperativa, coercitiva y excluyente, impusieron unas lenguas que ni siquiera eran homogéneas en su ámbito geográfico e iniciaron la persecución de todo lo que fuera  u oliese a "español", símbolos, pensamiento, lengua y sentimiento sin que esto se haya detenido, en una espiral de impredecibles consecuencias.

En una unión federada (como los EE.UU.) o confederada (Suiza) se presume que todos los estados miembros desean formar parte del devenir de una nación porque sienten que pertenecen a esa nación y que su esencia está preservada en ese vínculo (al menos hasta ahora, el porvenir nadie lo conoce). Aquí no se asiste a eso. Los politicastros regionales ansían más cotas de autogobierno para manejar su “cortijo” a su antojo. Esquilmarán todo lo que puedan de la administración central para fortalecerse con la anuencia del gobernante (risas) de turno, y lanzar el órdago cuando crean estar al alcance de sus propósitos. Los arquitectos territoriales de la Transición cometieron un disparate, primero, articulando un sistema autonómico demasiado permisivo y ambiguo; y luego dándole las llaves del gobierno regional a los separatistas deliberadamente para ver si así se callaban. Se ha visto, treinta años después, el fracaso y ahora España es una doncella desvalida (que lo dice hasta Sánchez Dragó), una sombra amenazada por pesadillas que hablan lenguas tan españolas como el gallego, el vasco o el catalán, que han convivido siempre con el castellano sin problemas, sin contar las que inventarse puedan en el futuro.

Antaño, cuando las distancias entre la capital y las localidades más remotas eran grandes, de días o semanas, los caminos pesados y peligrosos, los medios de comunicación no existían o estaban esbozándose, se podía comprender que un vasto territorio, patrimonio de un país, pudiera organizarse de una forma u otra para administrarlo mejor. Se trataba de que el imperio de la ley y la fiscalidad pudieran alcanzar todos los rincones. O en día, con Internet, que es capaz de llegar a la última esquina de la Tierra, creemos que lo que sobran son administraciones corruptas, superfluas y costosas. Además gestionadas por partidos separatistas que no sienten amor por su auténtica Patria.

Ahora bien, lo paradójico es que los separatistas, que quieren independizarse de España tanto como la odian; que monopolizan y sentencian en exclusiva sobre lo que le conviene o no a su región favorita (porque los hay que no son nacidos en el terruño de sus amores) y a su población, tanto que la han convertido en su "predio" con escandalosa, generalizada y rampante corrupción, decimos que ninguno de ellos se plantea la posibilidad (ni lejanamente) de, en consecuencia lógica, abandonar la unión europea por esa misma regla de tres en la que España es el elemento denostado. ¡Amigo!, olvidábamos que son de la misma pasta que la burocracia tenebrosa de Bruselas…

Los mismos que han saqueado todo lo que han pillado, desde Cajas de Ahorros con tarjetas de crédito vergonzantes hasta cursos pasando por encima de cualquier otro asunto que les pudiera reportar su derecho de pernada.

Porque el problema es que se les ha permitido. Y lo peor... Que no se ven síntomas de que el españolito, ese sufrido pagador de todo, vaya a ajustarles las cuentas.

martes, 30 de septiembre de 2014

Medios de manipulación

Contar las cosas que suceden es una manera de tomar partido. Cada uno es muy libre de ir  pregonando por ahí sus opiniones, faltaría más, pero cuando se entra en el terreno de las certezas ya no hay vuelta de hoja: Hay que hablar, en conciencia, desde la Verdad. Un ejercicio imposible para muchos, que prefieren plegarse a los intereses de su estómago o a otros más inconfesables.

En ocasiones nos hemos referido a los medios de comunicación como “medios de manipulación”, y seguiremos en ello porque hemos viajado del muy loable derecho a informar al muy perjudicial “intoxica y calumnia que algo queda” parafraseando la cita que se atribuye falsamente a Goebbels pero que en realidad es de Lenin. Aprovechando la mención, traemos a colación su máxima, que decía que una mentira cien veces repetida terminaba pasando por cierta, hecho este del que cualquiera se puede cerciorar con reiteración si aborda la Historia para estudiar sus historietas, tan mendaces como incoherentes pero tenidas por ciertas por masas y masas de iletrados.

Así que llegamos a la conclusión de que hoy importa menos (o nada) informar objetivamente que arrimar el ascua a la sardina del informador. Mejor aún, aquello no importa en absoluto y la sardina viene dada por quien paga al informador. Evidentemente, la mejor manera de desprestigiar la verdad es acompañarla de mentiras para que pase por una de ellas, como se hace con las personas cuando se las intenta relacionar y amigar con indeseables. En inverso sentido, cuando se pretende colar una falsedad se la adorna de detalles veraces, fácilmente verificables en alguna de sus partes, para vacunarse contra la incredulidad del oyente que tiende a generalizar esa información “si eso es cierto porque me consta, lo demás también debe de serlo”. Sin olvidar el momento oportuno en que salta una noticia, aunque lleve unos añitos guardada en algún cajón de los que pagan que, al cabo, son los que verdaderamente manejan las sardinas, y las noticias “pantalla” que se lanzan para esconder otras más graves y/o peligrosas para los intereses y conveniencias de los sardineros en cuestión, ya saben de nuestra afición a jugar con las palabras y sus acepciones. Estas son las estratagemas básicas de la impostura, pueden complicarse, combinarse, o lo que se quiera, pero sus esquemas básicos son los descritos y hay infinidad de ejemplos a lo largo y a lo ancho de la inmensidad de Internet, con especial mención de ese maremágnum audiovisual que es Youtube.

Más, luego el Poder. Como norma higiénica general nosotros preconizamos contrastar las informaciones de distintos medios porque somos desconfiados por naturaleza. El Poder corrompe, y el Poder “omnímodo” (¿a qué te suena la palabra, Mariano?) o absoluto corrompe absolutamente, recomendamos prestar más atención a los que llevan la contraria: Desconfíen de los que son pelotas con los que mandan, los respondones tenemos más que perder. O que ganar, si se tiene la fortuna de creer en Algo.

Si fuéramos ingenuos pensaríamos que los voceros están a sueldo de sus medios, y que su fin último es crear una corriente de opinión en buena lid, en un debate permanente y honrado. Pero no es así. Efectivamente, tienen su(s) sueldo(s) pero quien o quienes son los que pagan ya es más oscuro. Algunos dicen que es oportuno, en la vida, poner una vela a Dios y otra al diablo, pero nosotros creemos que si pones una, solo una, al segundo, ya has elegido bandería. Para condenarte, obviamente. Como mínimo persiguen entontecer, aturdir y aletargar a la sociedad para que no se mueva nada, para que no fluya el Libre Albedrío, el pensamiento libre, desactivando cualquier movimiento de respuesta, de reacción, hecho que contemplan como una amenaza. La mano que mece la cuna es la que mueve los peones de ese invisible y gigantesco ajedrez cuya pieza más preciada es atraerse el sentido de la opinión colectiva (lo más colectiva posible) para decirnos lo que debemos pensar, hacer y a quien se debe demonizar y perseguir con una intolerancia contumaz, que es llamativa en quienes siempre están con su vacua tolerancia en la boca... Al margen del criterio moral, que ese es el menos importante para esta gente con el Poder omnímodo que les otorga su dinero, sino el que se desprende del relativismo de sus conveniencias. Mucho más cercano al demonio de la vela y sus sociedades discretas inspiradas por quienes ya conocemos que a cualquier Enseñanza de Cristo.


Así que no los miren con candidez. Esos peones que hablan o escriben tan bien siguiendo las estrategias fundamentales que hemos descrito anteriormente, no son empleados de sus medios, al fin y al cabo los “medios”, como se desprende de este término (el lenguaje es más sabio de lo que parece) son sólo eso: medios, útiles, intermediarios, testaferros del pensamiento que se afanan (y ufanan) en mantener ocultos a sus auténticos señores y sus perversos objetivos.

Y esos no son otros que desterrar a Cristo de la faz de la Tierra para convertirle a usted, sí, a usted que ha llegado hasta esta humilde revista digital, en un simple esclavo que les alimenta, sostiene y que morirá cuando les apetezca. Les bastará con esbozar un simple gesto.

No dejen que piensen por usted, ha de elegir si vegetar o vivir. Recuerde que únicamente la Verdad es la que nos hace libres.


martes, 23 de septiembre de 2014

Lo que no se quiere oír

"No dejes que la realidad te estropee una buena noticia", es una máxima de polémica procedencia y autoría, pero que a la que no le escasean adeptos: En una época de cínico relativismo, lo que más abunda son los hipócritas. Y en esas andamos, que hoy por hoy cualquier orate y/o ignorante puede encaramarse a la tarima de un aula a predicar sus buenas noticias, tan buenas que sólo pueden ser fabricadas a gusto del consumidor.

No es que sea triste, bochornoso, insultante y/o ridículo que un experto tenga la osadía de proferir sus bobadas en público, que eso es muy fácil ahora mismo merced a Internet; lo triste, bochornoso, insultante y/o ridículo es que ello se perpetre con fondos públicos generosamente dispuestos, sin ningún tipo de control o rigor, a costa de todos los españoles para mayor ofensa y que NADIE, absolutamente nadie más aparte de los que estamos en esta trinchera, lo denuncie o critique.

Así que es posible envenenar a un par de generaciones de españoles con mentiras y más mentiras, que el gobierno de la Concordia (o de la Cobardía) que sucesivamente ha ido padeciendo este país les ha premiado además con más y más dinero, con más y más competencias para ilustrar su incompetencia, felonía y maldad, y que todo ello sea total y absolutamente tolerado, por desconocimiento o apatía, por los españolitos que una vez aspiraron a todo y ahora sólo aspiran a tener mucha igualdad, que debe de ser que merece más consideración que su propia Patria, por lo que no extraña que tengan mejor tratamiento los de fuera que sus compatriotas necesitados porque la igualdad con nuestros nacionales es fascismo, como bien se encargan de aclarar los voceros a sueldo del sistema.

Es el signo de los Tiempos. Lo más abyecto no sólo es admisible sino que además se nos obliga a costearlo, y se nos censura, señala y calumnia cuando manifestamos que estas fechorías deben cesar de inmediato y deben ser refutadas por todos los medios. Pero no hallarán más que a CESCIHUM y a un puñado de valientes estudiosos prestos y listos para esa labor. En la cobarde España no hay otra cosa que cobardes españoles. Y sálvese quien pueda.

Así que sigan en eso de que la realidad no les estropee las buenas noticias que el gobierno y los que manejan a este gobierno les inoculan en dosis diarias desde los medios de manipulación. Cuando se adultera la Historia para encizañar y para sembrar odio, es que ya se está preparado para todo. Creánse que vivimos en el mejor de los mundos posibles, mientras los españoles que sufren son como aquellos fantasmas de los que únicamente hablamos un reducido grupo de personas que prefieren la verdad a la ficción que crean algunos para alcanzar sus taimados fines. 

Porque como dijo Orwell, que terminó espantado de las prácticas democráticas del Frente Popular, "si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír".

martes, 16 de septiembre de 2014

Razón de Estado o el Estado sin razón

Alguien dijo que "el Estado debe poseer pleno Poder para facilitar la vida y aliviar la carga de sus administrados". Dicho esto así se puede remitir a diversas interpretaciones, unas socarronas y sarcásticas y otras encendidas y leales en su favor. Pero lo que a nadie se el escapa, como perogrullada a Perogrullo, es que el "Estado" ha estado, está y estará (ya saben mis pacientes lectores que no rehuyo los juegos de palabras) formado por personas, y que esas personas actúan en función de determinados intereses, no siempre los que se debieran por Patriotismo, para llevar a término sus objetivos.

Porque el Patriotismo es la máxima que han de seguir sus servidores, pero no es así en demasiadas ocasiones y no se denuncia y no se exige en la medida de la gravedad que implica ese incumplimiento. Se puede afirmar que es impune quien se sirve del Estado para sus espurios fines, bien porque se esconde tras un impresentable concepto de la "obediencia debida", bien porque se escuda en la resbaladiza concepción del "interés público"... Lo que no deja de ser irónico en quien no ha hecho más que primar su particular interés.

El Estado es una herramienta, un instrumento, no un fin en sí mismo. El Estado no debería de ser una entidad al margen de la nación, ni independiente de ella, el Estado, en su más amplia definición, habría de ser la suma de todos los nacionales de un país, como su versión bélica, el ejército, lo es de una sociedad en armas que lucha por su supervivencia ante una invasión. Por eso resulta harto llamativo y doloroso encontrarse con que el Estado del país de uno tiene el feo hábito de estigmatizarle por su Fe o filiación política. Y que los cobardes individuos que no tienen ni la formación ni el sentido del Honor de rebatir sus opiniones, certezas y Testimonios a título personal, se valen de los resortes, medios y recursos que el Estado para, torticeramente, emplearlos en su persecución e, incluso, en la consecución de su muerte civil en lugar de servir al ciudadano como le corresponde. Porque, insisto, el Estado son las personas que lo manejan, y son ellas las que deben responder de los abusos que cometan, ya sean la inmisericorde desatención hacia sus nacionales o la mera y simple traición, como se deduce de la actuación de los gobernantes que han ido desfilando con sus tejemanejes por esta sufrida España en los últimos cuarenta años.

Y ahora estamos en una tesitura histórica porque el Estado se halla ante la tentación de utilizar infinidad de información para indagar, saber y/o averiguar si cualquier Juan Español sube, baja, va o llega, casi sin restricciones ni límites éticos, porque los que se esconden tras ese parapeto que es la palabra "Estado" adolecen por completo del menor asomo de escrúpulos, fiel y oscuro reflejo de la clase política que ha escogido tercamente esos mismos españoles que mucho se quejan y poco hacen. Es tanto el abuso del sustantivo, que hasta "Estado" sirve para enmascarar y ocultar el nombre de la nación que es España. Los pobres ignorantes quieren desconocer que "España" es mucho más que una simple herramienta administrativa denominada comúnmente como "Estado"...

En este estado de cosas andamos... Con Estados de derecho que son Estados de desecho... Con unos Estados, en lo que era la antigua Cristiandad y con especial crueldad en España, que se autodenominan con mucha soberbia "democracias" cuando son criptocracias cleptómanas manejadas por oligarcas que se obstinan en favorecer a inmigrantes cultural y/o religiosamente hostiles a nuestra Tradición e Historia, discriminando a la población autóctona; Estados que ofenden deliberadamente las convicciones religiosas que le han configurado y protegido a lo largo de los siglos; Estados que ayudan a esos inmigrantes pero que prohíben ayudar a sus propios compatriotas; Estados que benefician y promueven políticas eugenésicas; Estados que destruyen la Familia como institución; Estados que permiten mezquitas pagadas por países que persiguen cristianos; Estados que contratan mercenarios en vez de fomentar el Patriotismo; Estados que destruyen la Enseñanza por empleabilidades que suman millones de desempleados; Estados que amparan la libertad de expresión siempre que no moleste a sus patrones, que no es la soberanía popular, ni mucho menos; Estados que protegen los derechos humanos de asesinos pero desprecian los derechos humanos de los asesinados y de sus familias; Estados que consideran la cobardía, la desidia y la traición como una virtud "democrática" cuando debería de proscribir esas actitudes... Y así hasta el aburrimiento.

Porque esos "Estados" son el verdadero "malestar" de muchos que estamos "apestados" e "indigestados" por tanta corrupción, felonía y maldad contra nuestra Patria. 

martes, 9 de septiembre de 2014

De nuestra campaña y otras campañas

Empezamos el nuevo curso con ilusión y entusiasmo. Tenemos más proyectos que recursos, es por ello que CESCIHUM ha sacado a la luz la campaña de micromecenazgo (ahora de moda como "crowdfunding") que denominamos "Somos CESCIHUM"...


Agradecemos cualquier ayuda económica y/o la máxima difusión de esta campaña que será aplicada para llevar a buen término las actividades que tenemos planteadas, independientemente de que se cubra la totalidad de la cantidad reseñada.

Retornamos a la periodicidad habitual con la mayor preocupación de lo que viene acaeciendo en nuestro sufrido y espantado mundo, padeciendo una campaña de violencia que nos trae oscuros presagios. Decía el gran Quevedo que "donde hay poca Justicia es peligroso tener razón", y jugando con la palabra, tenía toda la razón del sufrido y espantado mundo que mudo está desde hace tiempo como quien espera resignado el lugar por donde ha de venir el próximo golpe. Vivimos en una época en que los sucesos y los actos se valoran y califican en función de quien los promueva, no a tenor de sus intenciones y efectos. Y es que la Relatividad, fuera de la Física, aparte de no explicar nada, lo único que hace es daño.

Así asistimos con estupor a hechos como que si un edificio abandonado es okupado para desarrollar actos kulturales es contemplado con simpatía por parte de los voceros a sueldo que desempeñan su labor de desinformar e intoxicar desde los medios de manipulación; mientras que si otro edificio es ocupado para asistir a españoles que pasan necesidades, sus ocupantes serán cubiertos por el pétreo manto de silencio que ahoga todo lo que no le cuadre a los del Poder y/o destrozados sistemáticamente por los ingeniosos voceros, mencionados antes, que les afean su intolerancia con la mayor de las intransigencias. Vivimos en un país que no permite el hambre de los huéspedes, muy hostiles algunos, pero que tolera intolerablemente que nuestros compatriotas se suiciden o los suiciden porque algún usurero y/o político arribista les empuja a ello ante la indiferencia de quienes deberían socorrerles prioritariamente. Igual que las familias auxilian antes a los suyos, lo normal en un país debería ser apoyar a los nacionales antes que a nadie. Algo tan cabal resulta que hay que explicarlo con dibujitos, flores y pajaritos, a ver si lo entienden algunos zoquetes.

Y lo mismo cabe decir de la escalada de asesinatos que venimos soportando los cristianos. Se puede ultrajar una iglesia, se puede insultar a Cristo, se pueden decir y/o hacer un sinnúmero de fechorías contra nosotros, porque todo ello se parapeta en una muy discutible libertad de expresión o libertad religiosa, pero no se ve a esos cobardones apóstatas no ya realizar esas mismas fechorías, porque no tienen valentía, sino alzar siquiera una sola voz a favor de la libertad de las personas que dan Testimonio de Cristo en países cuya relación va aumentando. Dios no permita que los nuestros engrosen esa lista. Aunque hay mucho dinero y mucha mala voluntad para pagar que eso sea una realidad, que los que ahora les ríen y jalean las gracias terminarán lamentando. Lo que a nosotros nos ennoblece a ellos les vilipendia.

La ofensa es un halago cuando quien la profiere sirve a su maldad...

jueves, 31 de julio de 2014

La división o la fuerza de la unión

Verdaderamente es muy cierta la frase que reza aquello de que la peor derrota es la que sobreviene sin haber combatido. Porque cuando se ha combatido siempre queda el consuelo de que se hizo todo lo que se pudo, a título personal o colectivo, aunque ello no fuera suficiente. Así que una derrota acompañada por la cobardía es la peor vergüenza y pésimo ejemplo para las generaciones venideras.

Las aspiraciones del adversario son tan elevadas y disparatadas que muy probablemente imposibilitarán su viabilidad y terminarán colapsando, pero ello no restará el grado de sufrimiento que traigan los días en que la Humanidad se cuestione qué es, adónde va, en qué cree y qué defiende. En un lado se puede observar un férreo monolitismo, nulos escrúpulos, ausencia de moral, una unidad de acción definida agitada por diversos actores, recursos ilimitados, y una osadía tan infinita como su estupidez porque ignoran que no habrá ningún beneficio, sólo llanto y crujir de dientes.

Pero lo que ofrece nuestro lado no resulta halagüeño porque la dispersión y la desidia lo preside todo. No hay unidad de acción pese a que muchos nos esforcemos en aunarnos bajo una serie de Principios innegociables; imperan personalismos, estériles reuniones que no quieren molestar, caudillismos inmerecidos, rivalidades absurdas que alimentan el desánimo por doquier y vacían las filas de los que estamos contra globalidades de grandes hermanos, de usureros codiciosos y de lobos con piel de cordero que pretenden condenarnos. Ya se sabe que el pecado favorito de Lucifer es la vanidad, porque le reporta gran provecho sin dar nada a cambio.

Hasta los grandes pilares, los baluartes que han sujetado la Cristiandad en situaciones excepcionales parecen disolverse presa de la corrosión a la que han sido llevados por sus miembros más destacados y señeros. En lugar de dar ejemplo, se obstinan en dar la espalda y silenciar lo que deben proclamar y defender a los cuatro vientos: Cuando no se es ejemplar, es que se está en el Yerro, y siendo así se forma parte del problema.

Y eso, en definitiva, es lo que deberíamos pensar todos los que estamos a este lado de la trinchera. Si formamos parte de ese Problema a causa de la indolencia, de la inacción, de la desunión, de descabelladas rencillas, de debates interminables; o por el contrario sumamos la acción a la reflexión y empezamos a decir alto y claro qué somos, adónde vamos, en qué creemos y qué defendemos, y lo más importante: La razón por la que jamás claudicaremos. Por encima de todo somos la solución de ese problema que queremos resolver por el bien de nuestros hijos, para que, si somos derrotados, les quede cuando menos la gallardía y las banderas de sus valerosos padres.

Porque es verdad, una gran verdad, que nuestra unión nos daría honor y una fuerza invencible. Y únicamente depende de nosotros. Ese "nosotros" ya es el primer paso...


miércoles, 9 de julio de 2014

Hemos hecho el rodaje...

Hemos acabado el rodaje y el resultado es que estamos agradecidos y satisfechos por la callada pero ilusionada acogida que ha tenido esta humilde revista digital disfrazada de blog, por aquello de vestir el (tecnológico) ropaje de los Tiempos. Lo que antes era el papel, hoy es la pantalla, si antaño pluma, hogaño teclado. Pero en realidad la lucha sigue siendo la misma: Transmitir Principios e Ideas y convencer desde la Certeza apoyándonos en las opiniones que sean necesarias. Con todo, la labor es ingente y creemos que estos pequeños pasos que llevamos dados sólo nos han de servir para coger velocidad y no dormirnos en los laureles cuando "Metaparte" se esfuerce en alcanzar la velocidad de crucero que le queremos imprimir.

Sinceramente, consideramos que es fundamental que haya una publicación que aborde las Humanidades, y la actualidad que pertenece a esas Humanidades, desde una perspectiva católica. Estamos hartos de que todo el ámbito de las Ciencias Humanas esté impregnado de ese tufo gnóstico-marxista que todo lo pudre con su yerro, y que ya era hora de plantar cara valientemente al Pensamiento Único de ese Gran Hermano que censura y margina a todos los que no comparten y difunden sus consignas en el más puro y cruel sectarismo.

Porque no somos sectarios, en esta revista digital caben las más diversas opiniones, como se puede comprobar, siempre que no se quebranten las líneas rojas del respeto a nuestra Fe religiosa y del Derecho a la Vida. Consideramos el Debate libre como fuente de riqueza porque todo lo que el Hombre crea, los sueños y las pesadillas, proceden de las Ideas, las positivas se forjan y templan como el acero, y las malas deben ser puestas en evidencia para que pasen al olvido. La Discusión destruye como no lo hace la censura más furibunda, que da aspecto de veracidad a lo que puede ser un auténtico disparate.

Desde hoy, hasta la segunda semana de septiembre, "Metaparte" coge aire para comenzar el próximo curso con la fuerza que nos será precisa porque albergamos la intuición de que se acercan hitos cruciales en la Historia de la Humanidad. Por ese motivo, sólo publicaremos un editorial más en el mes de julio, para recobrar, en la segunda semana de septiembre, la actividad normal de las secciones de "Metaparte" con toda la intensidad que sea menester.

Para que el Señor sea servido por nuestras reflexiones y trabajo...


miércoles, 2 de julio de 2014

La rancia tolerancia

A falta de pensamiento propio, carente de ideólogos de fuste que hayan erigido unos planteamientos sólidos y nacionales, el laicismo español (esto a su pesar), coge de aquí y de allá una serie de axiomas en los que deposita una fe que ya quisieran tener muchos creyentes, y cierra filas en torno a ellos aunque el cielo se haga añicos y se desplome sobre nuestras cabezas, como a algunos que vivían en cierta aldea gala, irreductible para más señas. Sin embargo, el mal trasciende fronteras y hace uso y abuso del término "Tolerancia" para extender su nefasta obra a costa de un concepto mal entendido y peor aplicado...

Las ideologías, en su entramado más básico, fueron concebidas para corroer la unidad de las naciones, siendo particularmente las que postulan un laicismo radical, el espolón de proa de esa planificación que está destruyendo las naciones que fueron alumbradas por y en el Cristianismo. La fuente de inspiración les viene de la Masonería, dándose el curioso caso de que, siendo esta sociedad una declarada herramienta sionista para desgastar al Cristianismo, la gran mayoría de sus miembros se consideran artífices de una fraternidad universal que tiene muy poco de fraternal: Una impostura porque delata más lo que se hace para beneficiar que lo que se dice para quedar bien. Lo que les une a todos, a masones, a jacobinos laicistas de izquierda, centro y derecha, a sionistas y a islamistas, es su furibundo anticristianismo, concretamente el Catolicismo. Conviene recordar la forma en que los ilustrados jacobinos guillotinaban religiosos por el simple hecho de serlo, ya en los inicios de la última década del siglo XVIII, aunque las sacudidas ya comenzaron en la civilizada Inglaterra que perseguía católicos por traidores. Nada nuevo bajo el sol. No en vano la Europa cristiana fue forjada a sangre y fuego, con la espada y la Cruz.

Pero todo lo buscan tapar con una libertad de conciencia que sólo es aplicable a los que nos hostigan. Esa es su tolerancia. Que no nos tomen por estúpidos. La insulsa palabrería, los eufemismos, el decir una cosa y hacer la opuesta, el no llamar a las cosas por su nombre o denominarlas de un modo que no les corresponde es típica y netamente masón, que es donde beben estos laicistas soberbios y endiosados. Engañarán a los que no estén advertidos, a los alienados, a los manipulables consumidores de las verdades oficiales, pero no a nosotros, que sabemos como las gastan, algo que ignoran los centristas de esa europa mezquina y estúpida que da la espalda a aquellos que pretenden socavarla por ser, precisamente, hija de esa Cruz y esa espada que la mantuvo a salvo, gracias a Dios, de caer bajo las tiranías que la han amenazado y que la vuelven a amenazar nuevamente, esta vez desde dentro y desde arriba. Y sobre todo desde los que manejan el dinero que nos roban. 

El veneno se inocula por todos los medios. Se frivoliza y ridiculiza el Derecho a la vida, auténtico fundamento de la sociedad. Se pone en solfa la idea de la patria y de lo nacional de cada país, seña de identidad de los individuos desde que se agruparon como colectivo al margen de clanes y tribus. Se ultrajan símbolos cristianos y se relativiza sistemáticamente lo indeseable, lo deplorable, para mejor socavar la convivencia, en las parejas, en las familias y en las propias naciones. Se sustituye la enseñanza por el adoctrinamiento, se marginan las Humanidades frente a lo científico-técnico cuando han convivido sin ningún problema hasta estos días. Divide y vencerás, y lo llevan la práctica con exactitud de comisario político marxista, con eficacia de gulag. Silencian con descaro las persecuciones y los martirios de cristianos mientras que pregonan a los cuatro vientos el sufrimiento (veraz o fingido) de otras personas con el objeto de seguir engañando y manipulando. Como lo van consiguiendo a medias, ahora pretenden convertir Internet en una "realidad policial" para que su rancia tolerancia, parcial y nauseabunda, no se vea quebrantada por la verdad de lo que pasa realmente.Si alguien insulta y/o mata a los cristianos no pasa nada, si un cristiano se harta y se defiende con argumentos simplemente, se le manda a la Guardia Civil. Por intolerante.

Para que luego vengan con sus rollos y cuentos de libertades de expresión, de conciencia y de tolerancia, que son calzadas de doble sentido o son una completa farsa; eso sin entrar en que hay cuestiones que no se hablan siquiera por intolerables, el Mal, en cualquiera de sus expresiones, es intolerable en cualquier modo, como tampoco toleraría nadie que fueran a buscarle a su casa para darle muerte.

Así que hablemos de lo que es tolerable o no, lo que quitará las caretas a muchos y sabremos qué son; y dejen la manida "tolerancia" tranquila, que únicamente la usan cuando les conviene.